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Cinthya vidente · Aluche, Madrid Llama, también de noche 910 326 762

Vidente sin preguntas: cómo es una lectura en frío

Me dices tu nombre y tu fecha, y yo te digo lo que me llega de cómo estás ahora, sin que me cuentes nada. Después echo las cartas, que lo confirman o lo matizan, y si traes una pregunta la contesto al final.

Las manos de Cinthya extendiendo tres cartas de la baraja española boca abajo sobre la mesa baja

Qué quiere decir «en frío»

En el mundo de los trucos, una lectura en frío es lo contrario de lo que hago: alguien te suelta frases que valen para cualquiera, mira cómo reaccionas y va tirando del hilo hasta que parece que lo sabe todo. Lo digo de entrada para que nadie se confunda.

Cuando yo digo «en frío» quiero decir sin datos. Sin tu historia, sin la pregunta delante, sin que me expliques quién es quién. Lo primero que te digo no sale de lo que me has contado, porque no me has contado nada.

Por eso la lectura sin preguntas se puede comprobar. Si lo que te digo es tan general que valdría para tu vecina, no te ha servido, y tienes todo el derecho a pensarlo.

Por qué trabajo así

Lo primero que llega es lo más limpio. Antes de que me cuentes nada, ya hay algo. Luego lo ensucian las explicaciones: me cuentas que él no contesta y la lectura se va detrás de él, aunque lo que de verdad te tenga así sea otra cosa.

Lo aprendí sin cartas. Pasé catorce años en el turno de noche de una central de asistencia en carretera. La gente llamaba de madrugada desde un arcén, y en diez segundos de voz yo sabía si tenía miedo, si estaba sola o si me estaba contando lo que había pasado de verdad. Nadie me lo explicaba. Lo oía.

Nadie tiene que contarme su vida para merecer una lectura. Hay quien no quiere contarla, quien no sabe por dónde empezar y quien quiere ponerme a prueba. Las tres cosas me parecen bien.

El orden de la lectura

  1. Tu nombre y tu fecha. Es lo único que te pido. Por WhatsApp, con el mes en letra, como «Ana, 14 de abril de 1989».
  2. Lo que me llega. En una o dos frases: «lo primero que noto es cansancio, como de llevar tiempo sosteniendo algo tú sola». Siempre un estado, nunca un suceso.
  3. Las cartas. Tres de la baraja española en la lectura gratis, siete en la de pago, también del revés. Y te digo qué carta lo confirma y cuál lo matiza.
  4. Tu pregunta, si la hay. Con todo lo anterior delante, que suele ser lo que la explica.
  5. Para esta semana. Algo concreto que puedes hacer, y lo que tienes a favor.

¿Vidente sin cartas ni preguntas?

Se busca mucho, y te voy a decir la verdad: sin preguntas, sí; sin cartas, no del todo.

Lo primero que te digo me llega sin cartas, eso es cierto. Pero después saco la baraja, porque una sensación sola es poco seria. Las cartas me sirven para no dejarme llevar por mí misma: cuando dicen lo mismo, vamos más rápido; cuando no, te lo cuento, y casi siempre hay algo que aprender de esa diferencia.

La baraja es la española del tute de mi madre, con el reverso azul y las esquinas gastadas de tantos domingos. Es mi tarot, si quieres llamarlo así: cuarenta cartas, y ni bola ni péndulo.

Lo que no te voy a decir, aunque me lo pidas

Ver no es adivinar. Te digo cómo estás y hacia dónde va. No te digo:

  • Con quién estuvo el sábado, ni dónde está ahora mismo.
  • El nombre de nadie, ni el de tu próximo amor.
  • Un día, un mes o un número.
  • Nada de difuntos ni del más allá: no soy médium.
  • Nada de salud, embarazo ni muerte.

Me lo han pedido todo, y siempre he dicho que no. Quien te dice que lo sabe te está vendiendo algo.

Qué ve una vidente y qué no

Cómo ponerme a prueba

Si vienes a comprobar si veo algo, me parece lo más sensato del mundo. Hazlo así:

  • No me des pistas. Ni en el primer mensaje ni en el audio. Solo tu nombre y tu fecha.
  • Escucha lo primero que digo y fíjate en si es tuyo o de cualquiera.
  • Pregunta después, si quieres, y mira si lo que contesto encaja con lo de antes.

La primera por WhatsApp es gratis, precisamente para esto.

No hace falta que me cuentes nada. Cuando te lo pida, mándame tu nombre y tu fecha de nacimiento, con el mes en letra: «Ana, 14 de abril de 1989». Si quieres, una pregunta; si no, empiezo por lo que me llega.

Al teléfono, aparte y de pago

Por teléfono la lectura sin preguntas va igual, y oigo tu voz, que ayuda. Atendemos mis compañeras y yo a cualquier hora.

910 326 762

9 € · 15 min 15 € · 30 min 25 € · 60 min

Precio cerrado con IVA. Se paga antes de empezar, con tarjeta Visa o Mastercard, Bizum, PayPal, Google Pay o Apple Pay.

806 208 008

0,91 €/min desde fijo 1,27 €/min desde móvil

Con IVA, en tu factura. Solo para mayores de 18 años.

Preguntas sobre la lectura sin preguntas

¿Una vidente sin preguntas puede acertar?

Puede acertar en lo que se puede ver: cómo estás, qué te pesa, si algo se mueve. Es lo que hago. Lo que no puede, con preguntas o sin ellas, es adivinar hechos concretos. Desconfía de quien te los ofrece.

¿Qué datos necesitas, como mínimo?

Tu nombre de pila y tu fecha de nacimiento. Nada más. Ni apellidos, ni ciudad, ni fotos, ni el nombre de nadie, salvo que tú quieras que mire a una persona concreta.

¿Eres vidente sin cartas?

No del todo, y prefiero decírtelo. Lo primero que te digo me llega sin cartas. Pero después echo la baraja española, porque lo confirma o lo matiza, y porque así lo que te digo no depende solo de una sensación mía. Una vidente que no contrasta nada se equivoca más.

¿Y si lo que me dices no cuadra?

Dímelo. A veces lo que me llega es de otra parte de tu vida que la que tú tienes en la cabeza. Otras veces, sencillamente, no cuadra, y lo digo. Prefiero eso a forzar una lectura para quedar bien.

¿Puedo preguntar algo concreto al final?

Claro. Si traes pregunta, la contesto al final, con lo que he visto antes. Lo único que cambia es el orden: primero lo mío, después lo tuyo.

¿La lectura sin preguntas sirve por teléfono?

Sí, y por teléfono más todavía, porque oigo tu voz. Te pido el nombre y la fecha, te digo lo primero que me llega y luego hablamos. Por WhatsApp es igual, pero en un audio.

¿Por qué otras videntes piden toda la historia?

Cada una trabaja a su manera. Hay quien necesita contexto para leer las cartas, y me parece honesto si lo dice. Yo trabajo al revés porque lo aprendí así: catorce años contestando teléfonos de noche, sin ver a nadie y sin que nadie me contara nada.

Para seguir leyendo

Solo tu nombre y tu fecha

Tu nombre y tu fecha. Lo demás, si quieres.