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Cinthya vidente · Aluche, Madrid Llama, también de noche 910 326 762

¿Vidente sin cartas? Por qué yo uso la baraja después

Cinthya · · La baraja

La baraja española de Cinthya, cerrada y boca abajo en la mesa baja, junto a su mano abierta que no la toca

Sin preguntas, sí. Sin cartas, no del todo. Lo primero que te digo me llega solo, antes de mirar nada. Pero después saco la baraja, y no es por costumbre: es para no fiarme solo de mí.

Te lo cuento despacio, porque mucha gente busca «vidente sin cartas» pensando que es lo más puro, y no siempre lo es.

Lo que me llega sin cartas

Cuando me das tu nombre y tu fecha, hay algo antes de que toque la baraja. No es una imagen ni una voz. Es más parecido a lo que notas cuando alguien entra en una habitación y, sin que diga nada, sabes que viene de discutir.

Lo digo en una frase: «lo primero que noto es cansancio», «te noto a la espera de algo», «hay algo a medio cerrar». Son estados. Nunca hechos. No me llega con quién estuviste ni dónde está nadie.

Eso lo tengo desde niña. Yo no veía cosas: oía a la gente. Por cómo hablaba alguien por teléfono sabía si estaba triste o si mentía. Mi madre me decía que me callara.

Por qué no me quedo ahí

Porque una sensación sola es poco seria. Lo sé bien: me han llegado cosas que luego no eran.

Y hay un problema que nadie cuenta. Lo que te llega a ti se mezcla con lo que tú esperas, con lo cansada que estés esa noche, con la última persona con la que hablaste. Una vidente que no contrasta lo que le llega con nada acaba diciendo lo que le apetece decir. No por mala fe: por pura costumbre.

Las cartas me sirven de freno. Son algo fuera de mí. Cuando echo tres y dicen lo mismo que he notado, vamos más rápido y con más seguridad. Cuando dicen otra cosa, me paro.

Cuando las cartas me corrigen

Pasa. Y cuando pasa, te lo digo.

Puede que yo te note tranquila y salgan cartas de lucha. Entonces no tapo una cosa con otra. Te digo: «yo te noto en calma, pero las cartas hablan de pelea; puede que la pelea sea por dentro y no se te note por fuera». Casi siempre, en esa diferencia, está lo más útil de la lectura.

Otras veces la carta matiza. Te noto cansada y sale el tres de espadas: ya no es solo cansancio, es pena. O sale del revés, y lo que parecía un final es algo que todavía no ha terminado de irse.

Por qué la española

Leo la baraja española, una Fournier de las de siempre, de cuarenta cartas, con el reverso azul y las esquinas gastadas. Era la de mi madre, que la sacaba los domingos para jugar al tute con las vecinas del bloque. En mi casa nadie echaba las cartas.

A los diecisiete, jugando, empecé a ver en ella cosas que no eran del juego. La primera vez que se lo dije a una vecina, acerté. Al domingo siguiente vino sin la baraja de jugar.

No uso bola, ni péndulo, ni nada más. La baraja y lo que me llega. Con eso tengo de sobra.

El orden importa

En una lectura conmigo el orden es siempre el mismo:

  • Lo que me llega, en una o dos frases.
  • Las cartas: tres en la lectura gratis por WhatsApp, siete en la de pago. También del revés.
  • Tu pregunta, al final, si la traes. Si no la traes, no te la pido.
  • Algo para esta semana, y lo que tienes a favor.

Lo primero va primero porque es lo más limpio. Antes de que me cuentes nada, ya hay algo. Si empezara por las cartas, o por tu historia, me iría detrás de ellas.

→ Cómo es una lectura sin preguntas, entera

Cuando no me llega nada

También pasa, y prefiero contarlo. Hay noches en las que me das tu nombre y tu fecha y lo primero no llega claro. Puede ser cansancio mío, puede ser que estés en un momento muy revuelto, o puede ser cualquier otra cosa que no sé explicar.

Entonces no me lo invento. Te digo: «hoy lo primero no me llega limpio; vamos a las cartas y luego lo miramos». Y la baraja hace el trabajo de entrada, en vez de hacerlo de freno.

Es una de las razones por las que no trabajo sin cartas. Si solo contara con lo que me llega, esas noches tendría dos opciones: decirte que no veo nada o rellenar. Las dos son malas. Con la baraja delante, hay una tercera: leer con más cuidado.

Y si al final no veo nada que te sirva, te lo digo también. Prefiero eso a mandarte a casa con frases que valen para cualquiera.

¿Y las videntes que dicen trabajar sin nada?

Hay quien lo dice, y no voy a juzgar a nadie por cómo trabaja. Solo te doy un consejo para cualquiera que te lea, conmigo o sin mí: fíjate en si te dice también lo que no ve, y en si alguna vez reconoce que se ha equivocado.

Una vidente que nunca duda no está viendo más. Está contrastando menos.

Lo que yo te puedo prometer es poco y es verdad: te digo lo que me llega, te digo lo que dicen las cartas, y si no coinciden te lo digo también. No te voy a dar nombres, ni fechas, ni paraderos. Eso no me lo da ni lo primero que llega ni la baraja.

Pruébalo

Si vienes a ver si veo algo, me parece lo más sensato. Mándame tu nombre y tu fecha de nacimiento por WhatsApp, sin contarme nada, y escucha lo primero que te digo. Después escucha las cartas. Y juzga tú si cuadra.

→ La lectura gratis, paso a paso

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